Mis ojeras,
pesadas como tu ausencia,
aquí,
arrullándome el insomnio,
sirviéndome café por las mañanas,
vino por las noches,
a un ritmo egoísta con el sueño.
Desde que no estás,
el tiempo va a deshora,
ya no sé qué día es, mes, año.
Aunque parece invierno,
siempre invierno.
Es que me he quedado sola,
en un lugar,
en un momento,
justo cuando cerraste la puerta y te escurriste,
tras ella,
no dejaste rastro,
lo he buscado desde entonces,
sin éxito alguno.
Dejaste la cama deshecha,
vuelve,
que aunque nunca he tenido vocación al orden,
quiero tender y destender las sábanas contigo.
Vuelve,
tu cepillo dental y tu espuma de afeitar,
siguen aquí,
y a mí, las caricias se me caen de las manos,
ya me sobran demasiadas.
Vuelve,
se te enfrió el desayuno.
Vuelve,
que aunque no quieras volver,
aún tengo un "adiós" pendiente.
Vuelve,
a mi poesía le cortaron la luz
y se me acabaron las velas,
y con tu mirada,
consigo iluminar cada línea.
Vuelve,
sólo vuelve,
aunque no vuelvas.
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