Cuando no te esperaba...
Te vi llegar,
tan de repente,
que comprobé la teoría del amor a primera vista,
aunque en este caso,
amor a primer furtivo vistazo,
mi valentía fingió demencia
como método de fuga,
aunque de ahí,
no tenía escapatoria alguna.
Tenía las manos perdidas,
las piernas ansiosas,
la mirada luchando por no mirarte,
como si fuese posible,
como si me fueses posible,
como si hubieses notado siquiera
los suspiros que disfrazaba con caladas,
la catástrofe que ocurría a un metro de ti.
Pero cómo no mirarte,
si en tus ojos amanecía una y otra vez con sólo parpadear,
me hacía tonta,
bajaba la mirada para ocultar el rubor,
es que en esa mirada,
mira,
me encantaría despertar todos los días.
Pero cómo no mirarte,
si en tu sonrisa se formaba
la luna menguante más hermosa que no había visto jamás,
tu sonrisa,
acunarme en ella,
quedarme en ella,
besar las noches que en ella habitan.
Pero cómo no mirarte,
si en tus líneas quiero escribir poesía,
versar en ti lo nunca antes dicho.
Pero cómo no mirarte,
cómo no mirar las ondas de tu pelo,
tu barba recién cortada que parece de tres días,
tus manos al afinar la guitarra,
manos,
con las que terminas haciendo magia.
Tu color blanco transparente,
como lienzo sin pintar aún,
tus lunares que parecen estrellas,
todas esas constelaciones haciendo fiesta en tu cuerpo,
y yo,
queriendo ser invitada.
Tu hablar pausado,
tu manera de darle color a las melodías,
tú.
Mi mirada luchó sabiéndose perdida
desde que te paseaste frente a mí,
como una brisa,
sin prisa,
vaya manera de perder,
pero,
si esto de perder se trata de ti,
perdería las veces que fuesen necesarias,
en el fondo,
me sabría ganada.
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